Una dulce brisa, un tibio aroma que embriaga, que hace blanca la calle entre el verde claro de la hoja nueva y el verde oscuro de la vieja, hoy es blanco sobre verde para mañana naraja, la naranja del naranjo, sobre el cielo azul a la luz del sol que calentará mas intenso.
No todo es vida en esta primavera de aromas, en este azahar de abril; El verano pasado, en un parque de naranjos, entre pinos, melias, catalpas, almendros y jacarandas, pelaron no menos de 6 naranjos, les despojaron de sus cortezas, les dejaron desnudo el alma, les arrancaron la piel, en no se que vándalo divertimiento.
Y así pelados de arriba a bajo, desangrandose, la piel húmeda, fría, blanca al sol, las hojas tornandose de amarillas a muertas.
Hoy he vuelto a sentarme junto a ellos, aún con muestras de dolor, sus troncos han ido cicatrizando y han vuelto a renacer timidamente el azahar en ellos, pero no en todos, uno, el que menos protegido está, el que más expuesto al viento y al sol, ha cedido, seco, sin hojas, sin abrigo, sin vida, muerto, solo sus ramas secas, solo sus espinas…